Día del libro
ESCRIBE CON EL CORAZÓN, REPASALO DESPUÉS CON LA CABEZA. VERÁS EL RESULTADO...
miércoles, 31 de marzo de 2010
AGRADECER UN PIROPO "BUENA JUNTALETRAS"
martes, 30 de marzo de 2010
NUESTRO MOMENTO
lunes, 29 de marzo de 2010
¿LA VIDA ES BELLA? PUES SIIIIII
y un largo etcetera.........
sábado, 27 de marzo de 2010
PRIMAVERA
viernes, 26 de marzo de 2010
jueves, 25 de marzo de 2010
LA NIÑA QUE PIDIÓ LA LUNA
A solas con su mamá tomando el
sol en el jardín, le preguntó: —¿Por qué la luna no se cae del
cielo? ¿Está cogida de un hilo? —¿Tú serías capaz de cogerla para tenerla yo un
ratito?
Alicia, acostumbrada a las
preguntas de Violeta, empezó a elaborar una contestación adecuada para que la
niña lo entendiera.
—Mira, vida mía, ¿te
acuerdas cuando me preguntaste por Dios? Pues yo siempre he creído que todo lo
que nuestros ojos pueden ver ha sido creado por algo que le llamamos “Dios” o
podríamos llamarle de cualquier otra forma. La belleza de una flor, un árbol,
un animal cualquiera que podamos encontrar, la hierba que pisan nuestros pies,
el agua que recorre los ríos y los mares, el sol saliendo por la mañana para
calentarnos y escondiéndose a media tarde, las nubes que de vez en cuando
aparecen en el cielo azul para dejar agua, esa que nos da vida como pasó con el
árbol del cuento que te conté un día, la luna y las estrellas que nos dan esa
luz que si solo existiera el sol no tendríamos. ¿Que cómo está sujeta? No
sabría contestar, pero ¿de verdad la quieres tener por un ratito? Porque
recuerda que todos la necesitamos ahí para que nos acompañe por las noches.
—Sí —respondió la niña.
–Pues esta noche la tendrás.
La niña se pasó toda la tarde esperando que la noche
llegara y cuando el sol desaparecía por el horizonte, se acercó a su mamá y le
dijo:
—Mamá, ¿es el momento de poder tener la luna? El sol
se fue.
—Sí —le dijo su madre.
Alicia agarró un barreño grande que utilizaba cuando la
ropa salía de la lavadora y lo llenó de agua; fue situándolo en el jardín hasta
que la luna quedó reflejada dentro.
La cara de la pequeña irradiaba felicidad, sus ojos
brillaban como nunca a su tierna edad; miraba la luna y miraba a su madre a la
vez. Acabó abrazando a su madre y las lágrimas salían de sus dulces ojos
verdes. "Gracias, gracias, gracias", repetía una y otra vez apretando
con sus pequeños bracitos cada vez más fuerte a Alicia.















