Día del libro

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ESCRIBE CON EL CORAZÓN, REPASALO DESPUÉS CON LA CABEZA. VERÁS EL RESULTADO...

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viernes, 21 de abril de 2017

REBELIÓN EN EL ZOO - NECESITAMOS TU AYUDA.



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domingo, 9 de abril de 2017

Dar vida con las manos...


Con sus manos había labrado pequeños animales, imágenes de mujer perfectamente diseñadas hasta el más mínimo detalle y muebles que eran exhibidos como verdaderas obras de arte.
Con los años sus manos dejaron de responderle, la artrosis se apoderó de ellas, pero tanto era lo que necesitaba seguir creando, que buscó al mejor especialista para intentar dominar el desgaste de sus envejecidos huesos.
Tras un intenso tratamiento solo consiguió que le pusieran un aparatoso mecanismo que le hicieron a su medida.
Una tarde tomó entre sus manos un tocón de castaño, que su amigo Juan le trajo cuando supo de la tristeza en que estaba sumido, al no poder seguir tallando la madera;  sabía que trabajar con sus manos era su vida.
-     Buenas tardes amigo Jorge, - le dijo al llegar- ¿te enteraste que Adela mi mujer, falleció hace un mes?
-          No, no lo sabía, pero ¿Por qué nadie me aviso? Hubiera querido darle mi último adiós, nunca podrás perdonarme Juan, no he sabido ser un amigo al estar tan preocupado por mí mismo y no ver lo que estabas pasando.
-          No pienses eso por favor, -le dijo Juan con los ojos llenos de lágrimas- Precisamente por ser mi amigo, no quise aumentar tu pena, al decirte que Adela nos abandonaba.
-          ¿Qué puedo hacer por ti amigo mío? ¿Cómo podré subsanar mi error al no haber sabido estar a tu lado en un momento tan duro?
-          Es fácil Jorge, para eso te he traído esta madera, que recuperé tras el último incendio que ayudé a sofocar en el pueblo. ¿Sabes qué? Entré en la brigada de incendios de voluntario el día después de marcharse mi dulce Adela. Siempre actuaba en medio del fuego, entre las llamas más altas, porque no me importaba que en uno de esos incendios pudiera morir, si eso me llevaba a su lado. Poco importaba mi vida si no estaba esperándome en casa al llegar, si sus ojos no eran lo primero que veía al despertar, ella lo hacía primero cada mañana y se quedaba mirándome hasta que yo despertaba. Ella siempre estaba pendiente de mi, cuando me sentía enfermo, tenía al llegar del trabajo un vasito de caldo que se disponía a preparar en cuanto me daba el beso de despedida, aún antes de irse a trabajar; argumentando que era para que reposara y estuviera a punto para mí.
-          Pero esa no es la solución Juan.
-          Lo sé y ella me lo hizo ver. El martes pasado, en medio del peor incendio de este verano, la vi junto a un castaño que estaba envuelto en llamas. Me pidió por favor que lo apagara y que dejara de arriesgar mi vida dándome un beso a modo de despedida. Lo apagué pero solo pude salvar este trozo y así es como me puedes ayudar, si quieres, porque sé que poder puedes.
-          Dime como puedo hacerlo,  por favor.
-          Devuélvemela Jorge.
-          Pero Juan, eso es imposible.

-          En tus manos no hay nada imposible, piénsalo, solo debes ponerlas en este trozo de madera y pensar en ella.

Lola Fontecha.

lunes, 3 de abril de 2017

CITA A CIEGAS



Quedamos para una cita a ciegas, a las 17.30 horas del 27 de junio de 1965, yo y el destino. No sabía que me iba a encontrar cuando abriera la puerta, no quería ir demasiado arreglada, la naturalidad forma parte de mis defectos y ser artificial es algo que nunca me ha gustado.

La sonrisa quiso acompañarme, y la dejé venir conmigo, con ello aseguraba una tarde muy agradable.

La soledad se autoinvitó y no pude decirle que no viniera, ya que ella aparece donde y como le apetece en cada paso de nuestras vidas.

La tristeza se colgó de mi brazo, y me dio mucha pena decirle que no podía venir, pero no era el momento más apropiado y le prometí tomar café al día siguiente con ella, de esta manera se convenció, no sin soltar alguna lagrimita y con carita de pena se quedó en casa.

Los sueños, no pidieron permiso y se metieron directamente en el bolso, mientras entraban decían ¡No nos podemos perder esta cita!

Ya se acercaba la hora, no me gusta llegar tarde y me apresuré a terminar con los preparativos. El poemario “Viento del pueblo” bajo el brazo, era lo acordado, y mi vestido color primavera para ser identificada.

Los nervios iban creciendo por momentos y cuando ya salía de la casa, mi madre me deseó suerte con un dulce beso en la frente.

–Sé feliz, mi niña, y no te olvides nunca de seguir dando pasos adelante. Hoy, no sabemos que va a suceder, pero mañana estate segura de que tus pasos serán legitimados por la constancia de la libertad que te rodea y del empeño en hacer creer en ti.

Empecé a andar despacio, sin prisa alguna, al cabo de unos segundos que parecieron horas marchamos más deprisa, yo, la sonrisa, la soledad, y los sueños que sea apretujaban en mi bolso… Pareció eterno el camino aun cuando solo había cien metros para llegar allí donde habíamos quedado el destino y yo.

Ya en el lugar, la música del silencio se apoderó de mí, estuve a punto de cerrar la puerta justo antes de abrirla, pero me armé de valor y di un paso adelante. Miré alrededor, pero no escuchaba “Hagamos un trato” de Benedettí, era lo que me tendría que llevar a mi cita a ciegas. Me senté en la única silla que había libre, pedí un café y abrí mi libro…

Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta.

Pasaban las horas, y “destino” no llegaba, tanto empeño en quedar conmigo, tantos días esperando esta cita. Me dije para mis adentros…

-Tristeza tenía que haber venido conmigo, ¡mira que me lo dijo!

La decepción iba en aumento, no entendía que estaba pasando.

- Buenas tardes, ¿Lola?,
- Si, disculpe ¿Quién es usted?

- Soy tu, en unos años, ¿me invitas a un café?