Día del libro

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ESCRIBE CON EL CORAZÓN, REPASALO DESPUÉS CON LA CABEZA. VERÁS EL RESULTADO...

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sábado, 19 de marzo de 2011

En busca del horizonte arrebatado (continuación)


Esa mañana al abrir los ojos todo parecía distinto, no sabía porque, pero era la sensación que le embargaba por dentro. Al asomarse a la ventana del hostal, el sol creía que calentaba más, las nubes que la noche anterior amenazaban lluvia se habían evaporado y vio como la luna desaparecía por la lejanía a modo de despedida, instante en el que sintió un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo.
Recogía sus pertenencias a la vez que pensaba en lo que aquella mañana le depararía, cada vez estaba más cerca de su destino, ya tenía en su bolsillo el billete de ida, solo de ida porque era lo que se había propuesto, siempre estaría a tiempo de sacar el de vuelta, porque no quería volver a cerrar nada en su vida. Por haberlo hecho una vez se encontraba tan perdido.
Atravesó la ciudad muy despacio, no tenía prisa, había tiempo suficiente para coger el tren. Pasó por una placita preciosa con flores de todos los colores imaginados, en medio de ésta una fuente y observó durante unos minutos como los pájaros se acercaban a beber.
Siguió andando y al torcer la calle le llamó la atención un letrero en el que se podía leer “tu casa” se fijó un poco más y percibió que era una cafetería. Como no tenía prisa, decidió entrar, le atendió una chica morena poco agraciada, pero con unos ojos en los que podía percibir el mar. Hasta entonces nunca antes había mirado tan profundamente a nadie,
-Buenos días -le dijo la camarera- ¿en qué le puedo atender?
- Un café cortado en taza, por favor.
Se lo tomó sin prisa, saboreando cada sorbito, lo había pedido en taza porque era tal y como a él le había gustado tomarlo siempre. Pagó con una sonrisa dibujada en su cara, por el placer que había sentido al volver a percibir ese sabor en su paladar y dando las gracias salió de nuevo a la calle para dirigirse a la estación.
Observaba detenidamente a las personas que en el andén se encontraban: una pareja que se despedían con un apasionado beso y que al separarse advirtió como los ojos de ellas brillaban de una forma especial, incluso que una lágrima se resbalaba por su cara. Unos niños corriendo y la  madre tras ellos para que pararan. Un chico joven con el macuto verde entre sus manos y cuya cara triste dejaba entrever que volvía al cuartel donde hacia el servicio militar. Dos señoras mayores que se repartían el equipaje, para que les resultara más cómodo poder acceder a las escaleras tan altas del vagón. Un señor de mediana edad, bien trajeado que con un maletín en la mano, no dejaba de hablar por el móvil…..
Pasaban demasiadas cosas por su cabeza con el ruido, las caras tan distintas unas de otras y el ir y venir de los viajeros.
-El tren con destino a…….. va a efectuar su salida por el andén segundo en cinco minutos -escuchó en voz de mujer por los altavoces.
-¿Dónde voy? -se preguntó- No es posible ¿Cómo he podido estar tan ciego, durante tanto tiempo? Lo que busco, lo tengo…  


Moraleja:
A nuestro alrededor, siempre encontraremos una razón que nos empuje a seguir dando Pasos Adelante, sin perder de vista ese horizonte que llevamos dentro.
¿Para que buscar lo que tenemos delante de nuestros ojos?
Si lo único que tenemos que hacer es: APRENDER A MIRAR.

Toda historia tiene su moraleja y esta no iba a ser menos.

martes, 22 de febrero de 2011

Realidad entre lo tangible y lo deseado



Entre lo tangible y lo deseado existe todo un mundo que nos hace imposible poder llegar a donde queremos –pensaba Luz, un frio día de invierno, mientras daba el último toque a las pestañas de sus ojos con su rímel preferido.
Emprendemos viaje, pensando que nos va a llevar a algún sitio y cuando menos nos damos cuenta el tren para y no podemos continuar, –vía muerta –se escucha a lo lejos y a cambiar de rumbo toca. Yo siendo como soy, siempre he pensado que es mejor haberse equivocado que no haberlo intentado, pero eso no quita que de vez en cuando me falten las fuerzas para recoger el equipaje de nuevo. Pesa demasiado y la desesperanza se ocupa en hacer de eterna acompañante en el vagón por el que opto, para absorber la poca ilusión que me queda. ¿Qué porque siempre pasa algo y lo jode? Pues no sabría decirlo, ya me gustaría saberlo a mí porque los días pasan y el paisaje amenaza con volver a ser el mismo……
¿Sabéis qué me gustaría? –se preguntaba a sí misma como si alguien escuchara sus pensamientos – Pillar las maletas con lo justito y salir corriendo sin mirar atrás, no me vaya a pasar como a la mujer de Lot y me convierta en una estatua de sal. Porque entonces, sí que no podría huir del desencanto que a veces esta puñetera vida me pone delante y lo mismo me utilizan para aderezar algunas comidas y todo uffffffffffffffffffffffff, que futuro más chungo.
Pero la vida continúa y pasamos al siguiente ensayo, esta es una obra que solo me corresponde a mí como principal protagonista –se dijo muy segura– los tramoyistas ya tienen bastante con el aburrimiento de poner siempre el mismo decorado. Ahora sí, os prometo que como encuentre al que la ha escrito le quito el título de escritor, porque es patético jejejejejejeje.
Justo en ese momento sonó el móvil, era su jefe, tenían una reunión a primera hora de la mañana y llegaba tarde, sus pensamientos la habían entretenido demasiado.

martes, 7 de septiembre de 2010

El tren


La estación estaba a oscuras, pero ella sabía que su tren pasaría a las doce y no tenía más remedio que esperar aunque daba miedo hacerlo en aquellas circunstancias.

Solo se podía escuchar el ruido de una chicharra, un grillo que parecía decir estoy aquí y el tic tac de un reloj moviendo sus manillas al unísono.

Iba sin maletas, su destino primario Barcelona, el resto del trayecto incierto.

- Buenas noches, - escuchó tras ella.

El corazón se le encogió del susto y de forma inconsciente pego un salto al oír la voz. Tras recomponer su cara asustada, miro para atrás y se encontró al revisor a dos metros de ella.

- Buenas noches -le contestó, observando sus ojos que marcaban el cansancio.

- ¿Queda mucho para que llegue el tren?, o ¿va bien de hora? - Preguntó

- Nunca se sabe –le dijo él- la hora prevista son las doce, pero con este tren nunca podemos estar seguros, puede parar en una estación y sentir que tiene que esperar a alguien de quien dependa poder seguir adelante con su vida el tomarlo o no. Incluso pasar de largo por otra en la que entienda no tiene sentido perder su valioso tiempo.

- No le entiendo Señor, los trenes pasan a unas horas determinadas por las estaciones según lo establecido en el horario. Van y vienen a los mismos destinos día tras día ¿no?

- Este no Señora, el tren que usted va a tomar le llevará a ese destino marcado o no y eso requiere más esfuerzo a la hora de establecer itinerarios y períodos para su llegada o partida.

Piiiiiiiiiiiiiiiiiiii, se escuchó de lejos, piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, volvió a sonar. Miro de forma instantánea hacia el lugar de donde provenía el sonido, al darse la vuelta para seguir conversando con aquel revisor salido de la nada, ya no estaba había desaparecido al igual que surgió.

Al llegar el tren, paró delante de ella, entro en el vagón sin ningún esfuerzo ya que no llevaba equipaje y se acomodó en un asiento.

Momentos después volvió a escucharse el pitido del tren. En esta ocasión para partir.

Ella emprendió el viaje con el pensamiento puesto en las últimas palabras del revisor antes de desvanecerse:

“Este no Señora, el tren que usted va a tomar le llevará a ese destino marcado o no y eso requiere más esfuerzo a la hora de establecer itinerarios y períodos para su llegada o partida”


sábado, 1 de mayo de 2010

Una pequeña historia


El sol salía radiante en aquel pueblecito perdido entre las montañas, los colores de las flores se mezclaban entre ellos para formar un arcoíris maravilloso, los pájaros cantaban al unísono moviendo sus alitas dispuestos a empezar un nuevo día, pero al otro lado del rio algo sobrenatural estaba sucediendo.

-Buenos días -le dijo el sueño a la ilusión- ¿Dónde vamos a ir hoy?


-¿A visitar a Elena y Matías?


-Mejor que no- contestó sueño- les abandonaste hace tiempo al no poder tener hijos y ya han pasado diez años.


-¿Nos damos una vuelta por casa de Inés? -preguntó ilusión.


-Mejor que no, ella me abandonó a mí, cerrándose en un mundo gris en el que los colores no tienen cabida.


-¿Entonces qué propones? Porque el resto de los habitantes de este pueblo nos atesoran como algo suyo y aquí tenemos poco trabajo que hacer.


Sueño delante de su taza de café, medito durante un largo rato y confirmó con seguridad.


-Hacemos las maletas y nos trasladamos a Jaén donde si tenemos mucho trabajo que hacer.


-¿Cómo vamos a ir hasta allí?


-Propongo que cojamos el tren que pasajero sin destino ocupó hace tiempo, aún sin dar señales de vida y empezamos de nuevo. ¿Te atrae la idea?


-Sí y sobre todo ahora que he leído que las obras del tranvía están a punto de terminar, seguro nos encontramos con la musa de la gabardina en él. Aprovechamos y le damos un achuchoncito para que llegue hasta el incansable observador que la pierde y la recupera por la subida a Bernabé Soriano.


Se cogieron de la mano y marcharon a la estación del tren. Se acomodaron en los asientos, porque el viaje iba a ser largo, a las diez de la noche llegarían a su destino.


De pronto vieron a pasajero sin destino pasar junto a ellos, iba a fumarse un cigarrillo a escondidas del revisor y sueño se levantó a saludarle.


-¿Que es de tu viaje?, no hemos vuelto a saber de ti- le dijo-


Continuará.... ¿o no?