Llegaste a esta vida sin hacer ruido,
nadie supo de tu existencia hasta unos años más tarde,
nadie entendió para que apareciste,
nadie supo entender cómo ni cuándo te evaporaste en el aire.
Silencio era tu apellido y dolor tu nombre.
A tu paso el gris lo cubría todo
y nunca quisiste aprender a encender el faro,
para que la pérdida fuera alumbrada
Y te llevas la vida en un suspiro,
dejando la tierra yerma, desolada....
produciendo un grito de angustia desesperado,
ante la impotencia de la mano superior que le aplasta...
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