Hace ya tiempo que aquí nadie cree en los milagros. Todos se dedican a hacer su vida sin tan siquiera pensar, se desperezan, se duchan, desayunan y marchan al trabajo. Son como hormigas en un hormiguero, cuyo objetivo es sacar adelante una dura tarea; complacientes construyen para que en tiempos de necesidad no falte de nada. No hay conversación, no hay ilusión, no hay risas. Todos caminan hacia un afán y no miran a los lados, por si encuentran algo que les pueda distraer su ocupación.