Llover era lo único que hacía durante tres meses largos, los arboles estaban dañados como en mucho tiempo no lo habían estado y la cosecha barrida como si una escoba grande hubiera arrasado con todo. Sonó el despertador y Alfredo abrió los ojos al oírlo, pero no era capaz nada más que de volver a cerrarlos. Manuela le abrazó y mirando sus ojos le dijo:
-¿vamos a desayunar?
-No me apetece Manuela.
-Venga Alfredo mi amor, empieza un nuevo día, el sol luce en el cielo todo se va a arreglar y si no, siempre tenemos el consuelo de estar juntos. Solo así podremos volver a intentarlo, echaremos mano de todas las ayudas que estén a nuestro alcance para superar este desastre natural y con nuestro amor seguiremos adelante; no debemos consentir que el torrente de agua que se ha llevado nuestro esfuerzo se lleve también nuestras vidas.
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