Día del libro

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ESCRIBE CON EL CORAZÓN, REPASALO DESPUÉS CON LA CABEZA. VERÁS EL RESULTADO...

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martes, 2 de noviembre de 2010

Escuchame abuelito....


De nuevo un día gris
Volví a ese lugar que te tiene
Lamentando de nuevo
No haber podido conocerte

Pero dentro de mí te llevo
Tus ideas van conmigo
Tu físico va en mi cara
Y tu amor me da abrigo

Se de ti por lo que me contaron
Conocí tu existencia al preguntar
Nadie quería hablar de ti
Todos, mis dudas hacían apartar

Quería saber porque no estabas
Porque nunca te conocí
Y siendo mayor investigue
Sola supe realmente de ti

Batalle por defender tu nombre
Apartando el miedo que rodeaba
Al hecho de sacarlo a la luz
La familia siempre lo tapaba

No fuiste un delincuente y te acusaron
Desafecto al régimen ¿con que leyes?
Pena de muerte y dos consejos de guerra
Arrebatándote la vida en aquellas paredes

Seguiré luchando hasta que esa sentencia
De tu nombre algún día consiga arrancar
Porque el único delito por ti cometido
Fue defender  el derecho a la libertad

martes, 18 de mayo de 2010

ESE MAL QUE ME HIZO PERDER UNA PARTE IMPORTANTE DE MI



Te eche de menos antes de conocerte, por no poder tenerte cerca. Todos los niños hablaban de sus abuelos, yo solo sabía de ti que vivías en el pueblo de mamá y que estabas solo porque la abuela se fue al cielo unos años antes. Después de una reunión de familia en la que todos hablaban de ti, pude escuchar tras la puerta que venias a vivir con nosotros. Llegaste a mí vida con seis años, por fin podría disfrutar de “mi abuelo”, estaba deseando que llegara el momento para ver tu cara, porque solo te había visto en las fotos que mamá guardaba en una caja. Tu sonrisa al verme provocó que mis ojos brillaran y corrí hacia ti para que me abrazaras.



Me gustaba llegar del colegio y pensar que estabas ahí, aunque mis amigos pedían que me quedara jugando, yo solo pensaba en volver a casa para estar contigo.



Mi nombre sonaba distinto cuando lo decías, siempre fui tu chiquitina, la más débil a la que tenías que cuidar porque los niños se burlaban de ella o porque se sentía triste por suspender matemáticas, por mucho que repasabas conmigo la tabla del nueve. Tu abrazo provocaba en mí que el desconsuelo desapareciera. Me contabas cuentos, tus cuentos, esos que inventabas y que siempre tenían un final feliz, para ver en mi carita esa sonrisa que tanto te gustaba.



Pasabas algunos meses fuera, en casa de las titas Rosa y Emilia; te echaba de menos durante ese tiempo. Pero siempre volvías y yo era la primera que estaba en la puerta para ayudarte a meter la maleta en tu habitación, que era la mía hasta que llegabas pero que yo me sentía feliz haciéndola tuya mientras estabas en casa. Me guiñabas el ojo y eso era una señal cómplice entre nosotros para irnos al parque, cogidos de la mano. Yo era la niña más feliz del mundo teniéndote cerca, iba con mi abuelo, palabra que me llenaba la boca.



Cuando te llevaron al hospital por la tos que te daba de vez en cuando, pensé que te perdía y ahora que esa tos ha desaparecido, te he perdido de verdad. Tu chiquitina se esfuerza por hacerte recordar y me encuentro tan mal de no poder hacerlo. Tu mente se ha vuelto gris, los colores han desaparecido, tus ojos no me miran, tu sonrisa ya no está y mi esfuerzo vano seguirá existiendo para intentar conseguir que vuelvas a provocar mi sonrisa, con esos cuentos que inventabas para mí, porque te necesito, necesito a mi abuelo y se ha marchado pero esta vez sin irse.